El maximo poeta de la Dinastia Tang
martes, 14 de diciembre de 2010
Sobre Li Po. El rostro del anciano de los arrozales…
Había divagado por tanto tiempo por las vastedades del eterno territorio chino, su vida había sido la búsqueda de la verdad, a través de la contemplación. Para eso era necesario tanto como el agua, o el vino llamarse a silencio, escuchar en el amanecer las aves del campo, los sonidos del tiempo, sentir en el rostro la brisa del mar, como golpea en susurros el viento ese antiguo bosque de bambúes donde solía retirarse a meditar desde que hiciera su primer viaje hacia la ciudad de Shantug a sus casi 20 años...
Pero el tiempo había pasado y siempre volvía con los años a aquel lugar, y desde allí acariciando la piel de los bambúes, observaba sus acciones y sus palabras, no dejo jamás de creer que la fuerza de la naturaleza alimentaba su espíritu, había una energía que lo llevaba a no temerle a nada ni a nadie, de ahí sus viajes infatigables, y el no aferrarse a las cosas del mundo.
Único, extraordinario, legendario, considerado el máximo poeta de su tiempo, quizá sus acostumbradas videncias acerca de la rueda de la vida, le hizo ver de alguna manera, que ese amanecer seria el último de su vida.
Su razón de existir, se la debía a un libro, el de Lao Tsé, el libro de la vía y la virtud, que exigía como unica meta el wuwei (no hacer nada que puede alterar el orden natural de las cosas) es decir ser tu mismo en toda instancia, en toda implicancia, con todo el devenir de la conciencia, dejando de lado los postulados sociales, ser uno con el universo y alcanzar el horizonte que no puede describirse con palabra alguna, ni tener pensamiento que lo abarque, ese era el camino del Tao.
En los peores momentos de su vida, supo equilibrar la balanza a su favor, pero siempre dejando que la paz y la justicia tengan la primera y la ultima palabra, pero desde hacia unas contadas jornadas que sabia que debía enfrentarse a ese soplo devastador que le anunciaba su propia muerte.
No dejaba de pensar en un anciano mendigo que tras haberlo observado en el mercado de la ciudad, y después tras un largo viaje lo había reconocido en otra comarca como un pobre peón en los arrozales, se acerco para preguntarle como era posible que en tan poco tiempo estuviera en dos partes a la vez, pero solo había sido un espejismo, cuando el peón levanto su rostro oculto bajo su sombrero, el semblante ya no era el mismo, podía dudar de muchas cosas, pero nunca de su memoria, los ojos de ese hombre, no lograba olvidarlos, y sabia que ese era un anuncio de algo que no podía aun entender.
Estuvo mucho tiempo meditando, en el bosque de bambúes como siempre lo hacia antes de iniciar cada jornada y entonces algo en su corazón le dijo que ya no quedaba tiempo…
Volvió sobre sus pasos, y esta vez camino en toda esa mañana, a una comarca donde solía refugiarse, porque atesoraba la grandeza de un enorme lago, cuyo croar de las ranas le hacia endulzar sus versos, atrás habían quedado los días de gloria en el palacio, y aunque continuaba siendo un emisario itinerante del emperador, solo podía ver las estelas de su propia sombra.
Pronto se hizo la noche, y en una posada cercana al lago, decidió tomar un baño, y lucir un nuevo kimono perfumado, después como de costumbre se sentó a cenar y beber, no quería compañía esta vez. Su mirada se mantenía fija y perdida, en un paisaje próximo que apenas podía vislumbrar por una de las puertas semiabiertas, mientras dejaba ahondar el aroma del vino de arroz en su garganta.
Salio afuera. La noche había caído tenue e intransferible dejando entrever como por un extremo una luna inmensa que rompía los velos de la brisa y esta vez si, mientras caminaba hacia los bordes del lago le parecía que el Tao le era revelado en toda su infinitud. Subió a un bote, y muy lentamente se dejo llevar con los remos, por un instante cerro los ojos para escuchar… si ahí estaba el croar de las ranas, saltando las murallas del silencio…fueron segundos, los mismos que atraviesa cualquiera, antes de morir, no quiso que la muerte viniera a buscarlo, sino que decidió enfrentarla. Fue un crujido estentóreo de las aguas y tras de si, el mismo y profundo silencio acompasado con el croar de las ranas como si hubiera abierto la boca un inmenso pez para devorarlo, él no se resistió solo se dejaba arrastrar pesadamente hacia el fondo del lago, sabia que su destino había dejado escrito cada uno de los colores que no consiguen verse, y no podía oponerse a lo que las fuerzas eternas del universo habían decidido, porque solo esa energía indisoluble borra y escribe las estaciones y todo lo que se encuentra en ellas, solo para que alguien pueda descubrirlas nuevamente y contemplar la belleza sonriendo, como él lo había realizado y visto miles de veces -no temas- se dijo a si mismo mientras se hundía con los rayos de la luna, sobre su rostro que extrañamente se reflejaba a si mismo como en un espejo ondulante- le pareció reconocer el rostro del anciano que había visto en el mercado y en los arrozales, que ahora le decía- ya eres uno con el universo…
Li Po o Li Bai crecio en una familia acomodada, su padre era un rico comerciante, que se radicara en la provincia de Szechuan, en el sur oeste de China, se desconoce exactamente cuando y exactamente donde nace el poeta, se cree que alrededor del 701. Es un niño prodigio que a los diez años había leído la mayoría de los clásicos chinos, y también será de muy joven que comenzara esbozar sus primero versos. Casi a sus veinte años comenzaran sus viajes y es por este entonces que se acercara al camino del Tao, su errante forma de vida, y sus conocimientos profundos de la filosofía ancestral, irán modelando su carácter poético que no se sujetaba a una temática especifica, le cantaba a las cosas cotidianas, a los héroes o guerreros ancestrales de su patria, e invocaba versos mundanos sobre la vida, el destino y la muerte, y por supuesto las mujeres y el amor, pronto su popularidad llegara a oídos del emperador. Si bien su fortuna familiar que heredara sin exageraciones, sumado a su vocación literaria, le acercaran a la aristocracia de la Dinastía Tang, sin embargo se negara a presentarse a los exámenes obligatorios que el imperio imponía a los nuevos funcionarios, huirá entonces a nuevas viajes y aventuras, por el vasto territorio de sus antepasados, se convertirá en un experto en esgrima, y describirá las bellas regiones que lo llevaran como hipnotizado por los mas avezados accidentes geográficos, la naturaleza era su inspiración, y de sus extensos viajes, la soledad implacable ira forjando su genio poético que a veces solo podía acompañar con licores, elixires, y mujeres casuales que aparecían en su camino, fue en uno de esos agotadores viajes, hacia el centro (capital) del imperio Tang en Chang`an, (actualmente la ciudad de Xi´an o Sian) que el poeta sentirá el desborde y la locura de la gran ciudad, no olvidemos que en el periodo de la dinastía Tang, el intercambio comercial, con otras naciones, la solidez de sus leyes, y la tolerancia racial y religiosa dejo abiertas las puertas para los inmigrantes de todas las nacionalidades, que no tardaron en establecerse allí, creando una superpotencia económica, una de las primeras en Asia, especialmente a su capital, la mas avanzada ciudad del planeta por aquel entonces, que había sido concebida en cuadriculas, bajo una estructura soberbia, siendo una maravilla urbanística desarrollada por los adelantados ingenieros del imperio. Allí llegaban miles de personas diariamente, desde compañías de actores, músicos, y escribientes, hasta encantadores de serpientes, artesanos, y todo tipo de personas que arribaban en búsqueda de un mejor futuro, 60 millones de personas se debatían entre los sueños, y la esperanza de encontrar un destino para sus vidas.
Alli Li Po, encontrara la cima de los saberes, esta parado en el centro del mundo, y él lo sabe. Se casara y durante ocho años vivirá en Hupei, pero su vida de viajero no había terminado, abandona a su esposa y vuelve a escribir inspirado por las regiones que visita, es el tiempo de mayor esplendor de la Dinastía Tang, y la época de sus mas brillantes composiciones, esa rara mezcla entre taoista, y poeta mundano fascinara a la aristocracia y la gente común que ven en Li Po al poeta del pueblo, y su fama es tan grande que el emperador Xuan Zong pide conocerlo.
La terrible erudición de Li Po, hace que el emperador lo nombre en la Academia Hamlim que formaba a los futuros intelectuales del imperio, pero su temperamento, acomodado a la libertad, y a la contemplación no admite ciertas reglas de la burocracia del imperio que coarta su manera de enseñar. Sin alcanzar los dos años en la Academia, se ira sin despedidas, aunque logrando ser el emisario del Emperador en cualquier lugar de China donde se encontrare, podía hospedarse, y beber a su antojo y quienes lo albergaban tenían la obligación de hacerlo. Alejado de las obligaciones imperiales, Li Po, divagara por el resto de su sobresaltada existencia, conocerá en ese lapso a Du Fu el otro gran poeta vagabundo, al cual terminara por influenciar ya que éste, le dedicara a lo largo del tiempo, sentidos poemas a su personalidad que se jugaba por decir la verdad y buscar la sabiduría a cualquier precio.
Más tarde se lo encontrara culpable de haber sido parte de la rebelión de An Lushan en contra del emperador, aunque nunca se supo hasta donde había llegado su intervención en el grupo de revolucionarios. Sera desterrado a las regiones de Yelang, pero será condonada su pena al poco tiempo cuando viajaba a cumplir su exilio.
Pero lejos de quedarse quieto Li Po el poeta errante, retornara a sus eternos viajes, y a su poemas infinitos sobre la vida, se calcula que fueron mas de 20.000 los escritos que dejo a lo largo de su vida, de los cuales solo subsistirán apenas 1.000
El arte de Li Po había sido elevado junto a un imperio que estaba por encima de cualquier otra sociedad organizada del planeta y no podemos entender su vida es decir la del mas celebre e importante poeta chino, sino entendemos primero el significado del poderío del imperio Tang, que es la época del mayor esplendor cultural de china
El romanticismo había capturado todas las instancias creativas de Li Po, se afirmaba que además de alquimista y sabio, buscaba el elixir de la vida eterna, pero a su vez en sus versos dejaba entrever la brillantes de un hombre que se sabe único, capaz de crear como nadie un universo desde la nada, pero sabe además que es imposible luchar contra la horda de ignorancia que hace de las sociedades algo revulsivo y por siempre obtuso y pobre con millones de personas empobrecidas de espíritu…
En sus últimos años, era extraño ver a ese hombre de kimono de seda negro, usando un bastón labrado fabricado por sus propias manos, con su cabello y larga barba blanca que llegaba a la ciudad después de una extensa incursión por esos lugares que nadie jamás había conocido, y de pronto en un boca a boca toda una multitud se hacia presente casi tímidamente con un gesto de reverencia se acercaba para verlo de cerca bajo el rumor de – ¡Li Po, ha llegado, a la ciudad, el mas grande de los poetas que haya existido, esta aquí! esta aquí!! -y sabían que en cualquier momento prorrumpiría con su mansa y pausada voz allí en medio de la calle atiborrada de gente, que se estorbaba por escuchar, algunos de sus versos inolvidables…
El pueblo lo amaba, se llego a decir mucho mas que al mismísimo emperador y era tan famoso de un extremo a otro del imperio que eso no le causaba ninguna gracia al hijo del imperio del sol naciente.
Cuando decidió enfrentar la muerte, ese año el 762, en ese lago se dice abrazando la luna, en Dangtu, (actual Anhui, algunos autores se arriesgan a suponer que había sido envenenado) nunca se pudo comprobar cual había sido la causa del deceso, lo cierto es que nadie pensó que era verdad, la noticia para el pueblo chino no paso de ser solo una anécdota mas, dentro de las intrigas que rodeaban la vida del poeta, lo seguirían esperando en la ciudad, por siempre, porque se afirmaba que Li Po no podía morir, porque sus versos eran eternos…
sábado, 16 de octubre de 2010
Sobre Horacio Quiroga
El monstruo de la naturaleza, la muerte y un solitario escritor…
Los pasos resonaban por las escaleras, unos eran los de la misma enfermera de siempre, él ya lo sabia, pero esta vez escucho otro pasos, mas breves y parsimoniosos, una luz mortecina alumbraba el pasillo, se detuvieron detrás de la puerta, y la voz de la mujer le dijo que llamara, por cualquier cosa antes de retirarse apurada. Detrás de la puerta, vio la sombra de alguien que poco a poco abrió la misma. Solo se atuvo a mirar quien era, desde ese rincón sombrío en la que pasaba las 24 horas del día. Era un hombre de ojos verdes y de tupida barba, que no pareció incomodarse con su presencia.
Hablaron por unos minutos, Vicente Batistessa, el hombre que sufría de elefantiasis, y cuyas deformaciones óseas extremas lo habían convertido en un verdadero monstruo que inspiraba temor de solo estar a su presencia, tal como le había ocurrido a Joseph Merrick el hombre elefante ingles. Por primera vez, quizá desde que tenia uso de razón, que alguien no lo miraba con lastima, ni con horror. Escucho atentamente lo que ese hombre tenía para decirle y él le contesto como siempre había respondido, con un poco de temor y tristeza, pero ya al final de la charla le dijo que su sueño era salir de allí, le confeso casi a punto de llorar, que no soportaba en ese frío sótano, tanta soledad, entonces aquel hombre le dijo lo mismo, y hubo algo que de pronto encendió una amistad que se prolongaría en el tiempo, por cierto un escaso paréntesis antes del final.
Pasaron unos días y aquel hombre pidió que lo sacaran de ese lugar inhumano y le prepararan en su habitación, un lugar y que recibiera la misma atención que cualquier otra persona. Era difícil creer que Horacio Quiroga, el escritor que había conocido, casi como nadie el alma humana y cuya vida ajena a la popularidad e indiferente a los prejuicios, estaba allí debatiéndose entre la vida y la muerte, el diagnostico de cáncer a la próstata, muy avanzado no le daba margen a ninguna espera, pero tuvo tiempo de hablar con su amigo acerca de su vida, de sus sueños imposibles y de sus grandes errores, sentía que Vicente Batistessa ahora su compañero de cuarto en la clínica podía comprenderlo, porque sabia de ese sufrimiento que marca una existencia al nacer y no puede detenerse, pero también podía comprender como cualquier otra persona que no es nada fácil finalizar una historia que parecía que no tendría porque terminar. Ambos estaban condenados de antemano a morir.
Batistessa sabia que las deformaciones terminarían por comprimir sus cansados órganos, hasta que su corazón ya no pudiera resistir el dolor. Horacio Quiroga a su vez, comprendía que esos significaban sus últimos días, ya no había esperanzas, no servia resistirse con esa sujeción a las palabras, ya todo estaba escrito, dicho, cantado.
¿Por qué siempre en su vida había desafiado a la muerte? y cuantas veces le había ganado. Charlaron sobre eso, en esas eternas horas, en que el mundo giraba dejándolos hacia una orilla…
Esa tarde del 18 de febrero después de que los médicos le confirmaran su dolencia, salio a caminar por ese Buenos Aires abismal, mientras cruzaba las calles miraba la ciudad, los edificios, la gente, quería pensar en que no era real lo que le había aseverado el equipo de médicos, cansado después de una hora y media de recorrido se sentó en un parque, tuvo todo el tiempo para observar los niños jugando, y la gente que pasaba por allí, charlando, pensó en sus hijos en los calidos días de sol, cuando remaban por los ríos caudalosos de la selva, el brillo del agua que siempre le hubo de fascinar y que de vez en cuando acariciaba con una de sus manos, la sentía fresca, viva, nueva, como si alguien o algo no dejara ensuciarla – tal vez era Dios, pero él no podía creer en alguien que no daba tantas señales, su escepticismo le jugaba siempre en contra, pero si recordaba los ojos de sus hijos que se reían maravillados por tanta abrumadora belleza, comenzaba a dudar de su propios pensamientos, mientras navegaban a veces se avistaban aves de todos los colores, que emprendían vuelo desde las copas de los árboles, y el sonido de los monos saltando por los ramajes, miles de veces se había preguntado ¿Quién había creado esa infinidad de vidas que no necesitaban nada mas que de la libertad para vivir? y que sin saber de sus hermosuras, dejaban como limpios los oscuros laberintos del pensamiento humano, uno se sentía parte de ese hábitat, de felicidad y entonces todo era liviano, y él también se reía como un niño avistándolos.
Regreso al hospital apenas pasadas las 23, y se arrojo a la cama, Vicente Batistessa lo esperaba imperturbable, entonces con un dejo de melancolía le confeso a su amigo que no estaba dispuesto a continuar con ningún tratamiento, los cuales era muy rudimentarios, para ese tiempo pero desistió del dolor, ese que le había acompañado toda la vida, ya no quería seguir sufriendo, ya no…
Su plan era simple, en esa madrugada del 19 de febrero de 1937 preparo un brebaje, sus manos temblaban al hacerlo, ya con el vaso, en su pecho, Batistessa le sostuvo por los hombros, se miraron fijamente, - no tengas miedo, eres una criatura que ha venido al mundo por algo, todo ser es maravilloso, es un pequeño dios, digno de ser respetado, has ocupado tu lugar y eso es todo lo que debe importarte- le dijo Quiroga a aquel hombre que parecía ensimismado en lo que estaba por pasar, a lo cual este contesto- nunca olvidare lo que has hecho por mi…
Quiroga apresto beber de un sola vez, aquel vaso de cianuro, sus ojos a solo unos minutos se emblanquecieron intento sostenerse y entonces su amigo Batistessa, lo sostuvo en brazos como pudo, hasta dejarlo reposando en el piso, ahora Quiroga por fin podía ver otra vez su amada selva, el olor de los árboles bajo la lluvia torrencial y las palabras que se salpicaban en un amarillo papel, como latidos sueltos de un corazón que no conoce las heridas…
Horacio Quiroga Forteza nació en Salto, Uruguay en 1878, marcado por una dura infancia sin padre, ya que este había fallecido de un disparo accidental de un arma de fuego, cuando él tenía apenas uno dos meses. Desde adolescente mientras cursaba el colegio secundario su interés por la literatura fue evidente, además de que amaba la vida al aire libre, hacia grandes recorridos en bicicleta y disfruta de esas aventuras dejando nacer su inspiración, así surgieron sus primeros versos, a la vez que no dejaba de leer nada que caía a sus manos, especialmente los libros de filosofía.
Sus primeras colaboraciones fueron para la revista La Reforma, allí ya se puede apreciar su estilo que es prácticamente inconfundible, sensitivo, audaz, conciso, capaz de crear en pocos renglones el destino de una vida En 1899 viajara a Paris, con el dinero de una herencia que recibiría de su familia, tras la muerte de su padrastro cuyo suicidio le dejo profundas secuelas. Por esta época Quiroga es un joven apuesto que usa ropa elegante y sus modales son las de un hombre de ciudad, cosmopolita. Usa bigotes y barba candado delicadamente rasurada, arregla sus cabellos con cierto apresto, y nada de lo que hace o dice son profundas invocaciones de su elevada cultura. Pero el viaje a la meca del arte y la cultura, no serán para Quiroga precisamente lo que él esperaba. Dilapidado el dinero en escaso tiempo, emprende el regreso pero ya no es el mismo, había pasado hambre, y frío, y su tupida barba seria como el testimonio de ese viaje a los infiernos, sin embargo traería de Europa un libro nuevo Diario de Viaje a Paris.
No tardara en retomar su participación en la vida cultural a través de sus escritos y tras Fundar la Revista de Salto, también creara un grupo literario, que intentara saltar hacia otras formas de expresión en Montevideo.
En 1901 en Buenos Aires se publicara su primer obra, Arrecifes de Coral, Poemas, Cuentos, y Prosa Lírica, su euforia se ha desatado, es casi un sueño que sus libros comiencen a causar interés en la gran ciudad. No obstante su felicidad durara casi nada, porque dos de sus hermanos mueren presa de la fiebre tifoidea, a mas de las cuestiones literarias, el escritor ama la vida, y no puede entender porque el oscuro destino esta ensañado con los suyos. La tragedia solo estaba a punto de llegar, nadie a ciencia cierta sabrá jamás como sucedió, pero Quiroga terminara asesinando accidentalmente a su amigo Federico Ferrando con un disparo mientras limpiaba una arma de fuego. Seria arrestado y encarcelado, hasta que su declaratoria no dejo libradas dudas de que se trataba de un accidente por lo cual le fue otorgada la libertad.
Apenas después de unos días decidirá abandonar su grupo literario y marcharía a Buenos Aires, dicen que la culpa y el remordimiento por haber asesinado a su amigo no le dejaban en paz. Sus facciones cambiaron drásticamente, y un rictus de angustia se instalo en su frente para siempre.
En Buenos Aires trabajaría como maestro, y a la vez se relacionaba con gente de las letras, es ahí cuando conoce a Leopoldo Lugones con el cual no solo compartirá su afición por las palabras, sino también el costal de investigador histórico de Lugones, que ansiaba descubrir los secretos que habían dejado las ruinas jesuitas en Misiones, Lugones tomaría apuntes, y Quiroga se dedicaría a fotografiar el lugar. Pronto los dos parten a la expedición, pero no serán las ruinas jesuíticas las que maravillan a Quiroga sino la selva misionera, todavía virgen, inexpugnable, eterna.
Al retornar a Buenos Aires, tenia en mente solo volver allá, decidió invertir todo lo que tenia, en la compra de unos campos en Chaco, para sembrar algodón, ubicado a solo unos pocos kilómetros de Resistencia, allí Quiroga aprenderá el duro oficio de peón de campo, pues trabaja a la par de los otros peones, y también sabrá del fracaso, porque no es viable su empresa, los fenómenos atmosféricos, y los problemas que tiene con el personal, lo declaran en quiebra.
Retornara a Buenos Aires a la casa de una de sus hermanas abatido y cansado, pero no dejara de escribir, es cuando comienza a trabajar en su cuentos cortos que lo harán tan celebre como un mito de la historia de la literatura latinoamericana.
Verán la luz algunos de sus aclamados escritos que se darán a conocer en una de las publicaciones de actualidad de mayor circulación por ese tiempo, Caras y Caretas publicando entre 5 y 10 cuentos al año, pronto se convertirá en el mas famoso de los escritores de la revista, y esta se venderá como nunca antes, debido a su presencia.
Mientras tanto Quiroga soñaba con volver a la selva, algo le llamaba desde ese lugar, era como si su corazón se hubiera quedado detenido en esa inescrutable jungla. Hacia 1906 lograra por fin comprar un centenar de hectáreas debido a que el gobierno buscaba inversores para la zona, que a su vez posibilitaran trabajo para los habitantes del lugar. Fue a orillas del Paraná donde ya en 1908 edificaría su casa en los terrenos de su propiedad, antes había logrado seducir y conquistar a Ana Maria Cires, que seria su primera esposa, con ella y con los padres de esta, comenzaría una nueva vida en ese su lugar soñado.
En 1911 nacerá su primera hija, Eglé y junto a su socio Gozalbo, comenzaran explotar los yerbatales, a la vez que consigue un cargo como Juez de paz, encargado de mediar entre los pueblerinos cualquier tipo de disputa y celebrar matrimonios.
En 1912 nacerá su segundo hijo, Darío, apenas los niños crecen Quiroga se ocupara de su educación y de enseñarles los rudimentarios oficios de la selva, los obligaba a enfrentarse al miedo de la soledad de la selva, a lidiar con animales salvajes, y superar las pruebas geográficas, atravesando ríos, o quebradas abruptas.
Hacia 1915 Quiroga continuaba escribiendo denodadamente en los espacios que le dejaban sus numerosas labores de cosechero, aunque eran tiempo difíciles económicamente por lo tanto vivía de la caza y de la pesca de las cuales era un verdadero experto.
Sin embargo esa vida idílica de Quiroga termino por cansar a su esposa, que harta de privaciones, le confeso que quería marcharse de allí, a la ciudad, quería otra educación para sus hijos, otro destino, en realidad ella nunca se había adaptado y comenzaron las cruentas disputas familiares, discusiones, que un implacable Quiroga estaba siempre dispuesto a ganar, ella le rogó que la dejara libre, pero él no cedió a esa petición pensando que era lo mas acertado, hasta que tras una terrible pelea, ella termino con su vida ingiriendo veneno, fue una larga agonía de mas de una semana, donde los niños y el propio Quiroga estaban abrumados, perdidos, desbastados.
La muerte de su mujer le obligo a dejar la selva, consiguió un puesto de administrativo en el consulado de Uruguay gracias a unos amigos y una vivienda que estaba ubicada en un sótano, corría el año 1917, año en el que aparecería su celebrado Cuentos de Amor Locura y Muerte, que era una recopilación de sus cuentos mas provocadores de todos esos años. En 1918 llegaría su Cuentos de la Selva, el libro que lo haría prácticamente imperecedero, por su despliegue de imágenes visuales, descripciones inigualables de la selva y de sus habitantes, ingenio, y una lucidez asombrosa.
En el año siguiente daría vida a un nuevo grupo literario Anaconda y publicaría con los recuerdos de su primer amor, María Esther Jurkovski dos de sus primeras obras mas reconocidas, hacia 1920, Una estación de Amor, y Las Sacrificadas (obra teatral), inspiradas en una ventura amorosa donde se dejan ver ciertos prejuicios sociales, y religiosos que desvirtúan el destino del amor.
Quizá la más influyente popularidad de Quiroga nacerá cuando el diario La Nación comienza a publicar sus cuentos en su suplemento cultural. Ya en 1924 se editara Desierto, otro libro de cuentos, repitiendo el éxito de Anaconda y otros cuentos en 1921.
Amaba el cine, y como tal dedico mucho de su trabajo a la crítica cinematográfica, tenia una sección en la revista Atlántida de tirada nacional, como asimismo en otras publicaciones emblemáticas como La Nación.
En 1926 se instalaría en Buenos Aires donde trabajaría durante un año en sus escritos para crear según sus biógrafos uno de sus mejores y mas logrados trabajos, Los Desterrados.
Se casara por segunda vez con una mujer de apenas 20 años, Maria Elena Bravo no pasara demasiado tiempo para que surjan los primeros conflictos con la misma. En 1932 decidirá marchar otra vez a la selva, era su última posibilidad de intentar retener a su pareja y su pequeña hija de apenas tres años. Terminaría perdiendo su puesto en el consulado y volverían ya en plena selva las discusiones y el ímpetu de abandonarlo de su segunda esposa.
En 1935 tras una terrible disputa, ella y su hija lo abandonaran en medio de la selva, Quiroga esta desesperado, como uno de esos animales salvajes que tanto le gustaba domesticar, acorralado entre sus imposibles, con los primeros síntomas de la enfermedad mortal que lo hundiría en la mas absoluta desesperación, la depresión se apodero de sus días, soporto como pudo la soledad en esos años hasta que no pudo aguantar mas y viajo a Buenos Aires en ese fatídico 1937.
Lo demás ya todo esta escrito, su final que se predice y sus libros que serán una llamarada para quienes ahondan en su vida, nacerán vastedades de biografías no autorizadas, de anécdotas, que no se sabe si fueron ciertas o no, de locuras como el que le llevo a construir una embarcación con sus propias manos, y de un centenar de sueños que todavía nos resulta increíble leer.
Quiroga quiso que en su obra estuviese ese -ser vivo y visceral- como la selva, que tuviera sus dones y sus sombras, como de hecho los ostenta, que representaba la naturaleza en su más intensa revelación, en contrapartida del hombre que intenta doblegarla, sin tener en cuenta la escasez de su existencia. Nos llevo por el dolor de sus personajes, casi siempre individuos que no podían deshacerse de una especie de maldición, algo invisible que los llevaba rodando como un arbusto seco por el desierto de sus pocos anhelos. Nos describió la terrible pobreza de los peones rurales, y de cómo eso mismo se sucede una y otra vez, generación tras generación, pero sin quitarles esa esperanza tan antigua como inexplicable, dio testimonio de la gente que esta olvidada, perdida e intento con sus escritos decir que había un sentido en sus vidas deshechas. Se enfrento a la muerte y no solo camino entre sus infernales devociones, sino que la hizo suya, ya no le temía, ni podía dejar que jugase con su espíritu, ni con su mente que a veces se redimía al miedo, quizá por eso prefirió morir al lado de un amigo considerado un monstruo, que causaba espanto como Batistessa, conciente de que la naturaleza se manifiesta inimaginablemente para vencer al hombre aunque el alma humana se porfié de creer que puede alguna vez vencerla.
lunes, 9 de agosto de 2010
Emili Brontë. Amar a un fantasma...
Ella miro a su madre, por última vez en ese día tan igual a todos pero a la vez tan distinto porque nunca iba a poder olvidarlo. Alguien en brazos la había llevado hasta su cama, allí apenas había podido acariciar su bonito cabello y sus mejillas, mientras ella le obsequiaba un beso que le obligaba a sonreír. Era una niña, no podía saber de las despedidas. En seguida salio del cuarto en penumbras sin pensar en nada, a más de que en poco tiempo su madre estaría de pie. Tenía ganas de jugar con ella y como sabia que no iba a poder hacerlo, lo hizo en soledad. Una muñeca que le obedecía en las tareas que su imaginación llevaba por el tiempo y que a veces compartía con alguna de sus hermanas. Se sentía contenta haciendo invenciones con sus cosas y ese largo ensueño que parecía durar una eternidad no era más que el estado emocional de la vida de una niña que le parece que todo es perfecto y esta diseñado para ser feliz.
La despertaron sobresaltada sus hermanitas y la vistieron, ella solo atinaba a sonreír, después la llevaron al pórtico de la iglesia ¿Qué es lo que siente una niña, al perder a su madre? mucho tiempo después aun no lo podía responder, pero aunque era muy pequeña y aunque le costaba entender que significaba aquello, aun lidiaba con una imagen algo desdibujada de una enorme y larga camita de madera donde le decían iba su madre sostenida por las manos de unos hombres vestidos de negro que ella no podía saber quienes eran, ¿A dónde la llevaban?¿Donde quedaba ese lugar a donde ella no podía acompañarla? ¿Porque había decidido irse así acompañada de toda esa gente desconocida? y aunque se esforzaba por entender en los brazos de su padre, no podía. Ni menos cuando vio que la dejaban tras una larga caminata sobre la tierra de un bosquedal y mientras veía manos que de repente agitaban flores y bajo los velos oscuros de sus caras había sollozos y lágrimas, cada vez que alguien se acercaba a su padre y le abrazaba también a ella. Estaba callada y con un poco de desconcertante miedo.
Escuchaba lo que le decían a su padre, pero no sabia que querían decirle. Solo miraba cada uno de sus llamativos sombreros. Cuando no quedo nadie comenzaron a alejarse a paso lento de aquel lugar y ella buscaba mirar hacia atrás aferrada al cuello de su padre, quería ver, saber donde la había dejado a su mamá, ¿Porque no venia de su paseo a los bosques…? Y casi sin darse cuenta cuando giraban en una callecita, sus lagrimas caían de la desesperación muy lentamente…mientras agitaba sus brazos indicándole a su padre que se detuviera ¿Por qué ella, su madre había decidido refugiarse en ese bosque…?
Así fue que Emili creció un tanto en la espera y la tristeza. Sus hermanas se lo explicaron hasta el cansancio cuando amanecía y ella corría al cuarto donde encontraba antes a mamá, y ya no había nadie en ese frío lugar que ahora permanecía vacío. Ella seguía aguardando a su madre, no podía entender aquello todavía a pesar del tiempo. Tres años no son suficientes para deducir apenas nada, pero si era suficiente para amar como nadie puede amar, con la inocencia de quien todo lo cree, pero poco a poco notaba que la vida iba cambiando en su hogar desde aquel instante.
Después se iría junto a sus hermanas a un colegio donde no existía lugar para pensar, donde las frías y monótonas paredes del lugar hacían la salvedad de una prisión, ella se refugio en su mundo interior y hasta creyó posible no ser ella, sino otra, era como vivir en una casa de fantasmas y sus hermanas por protegerla no le daban razones para que se preocupara pero ella percibía que nada iba bien allí.
La muerte estaba agazapada, y no tardo un día en hacerse presente cuando ya no quedaba nada por hacer, sus hermanas mayores, Maria y Elizabeth estaban gravemente enfermas y cuando su padre fue a buscarlas para regresar a casa ya era demasiado tarde. Ahora si Emili, podía comprender cual era la puerta que te llevaba hacia la soledad, hacia la incomprensión de todas las cosas. La soledad solo podía ser como una hiedra que se seca sobre los muros estrangulándolo de amarillos torvos, mientras su casa se convertía en un desierto de silencios y sollozos.
Tenía solo siete años cuando acompaño a sus hermanas muertas al cementerio, el viento arreciaba como si también llorara desconsoladamente por ellas y ese sonido que aullaba entre los árboles, jamás podría sacárselo de la cabeza, ni de su corazón, por toda su vida.
Aunque había nacido en Yorkshire, no conocía más que ese pueblo Haworth, ese era su mundo y allí comenzaban a quedarse sus seres más amados. Volvieron a casa y en el anochecer ella y cada uno de sus hermanos Charlotte, Anne, y Branwell después de la oración acostumbrada se fueron a sus cuartos. Ella sentía tanto vacío en el centro de su pecho, como una caja de madera sin nada, al acostarse se acurrucaba a mas no poder, buscando protección, antes había visto a su hermano, taparse la cara ante sus lagrimas, presumía de ser ya todo un hombre y sin embargo era tan frágil, como un tallo de claveles, tras una noche de escarcha. Esa visión de su hermano llorando le angustiaba al punto de hacerle doler el estomago, claro, amaba a sus hermanas, pero él, Branwell era su preferido…
De ahí en mas el tiempo se detuvo para ellos, que sobre todo en los anocheceres compartían un mundo ficticio que los ayuda a olvidarse de la realidad, también ir a la iglesia era un desahogo donde su padre como Reverendo del lugar proclamaba los sermones, pero le parecía aunque le temía a su padre y a Dios que de alguna manera ese ser todopoderoso se había olvidado de ella, hacia muchísimo tiempo; pero claro no podía decírselo a nadie, ese era su secreto.
A los 20 años después de un breve tiempo de trabajo como institutriz, por orden de su padre, se inscribió para cursar estudios de diferentes ciencias junto a su hermana Charlotte en Bruselas donde vivían en la casa de una tía. Pero otra vez la muerte de ésta inesperadamente, les indicaría el regreso a su país y a su pueblo.
Al retornar seria la administradora del hogar de los Brontë y en sus ratos libres escribiría poesía ocultándolas a la mirada de sus hermanas. Apenas fueron unos pocos años de tranquilidad y se desencadenaría una nueva tragedia para su familia, su adorado hermano Branwell, no solo había perdido credibilidad como pintor, lo que él quiso ser desde siempre, sino que no lograba permanecer en ningún empleo por mucho tiempo. Sin trabajo y con la sombra de no haber podido superar la muerte de su madre y de sus hermanas y de un amor imposible con una mujer casada, se arrojara a la bebida y más adelante al opio para intentar olvidar el dolor de perderlo todo.
En los anocheceres salía de juergas y Emili lo esperaba a deshoras de la noche para así todo borracho y perdido arroparlo y llevarlo a su cama, así pasaron los años y solo la mantenía viva el hecho de escribir, sus poesías y desde hacia tiempo un esbozo de una novela donde dejaba traslucir sus sueños imposibles de enamorarse.
Fue de casualidad que su hermana Charlotte un día descubrió sus poesías y entonces le propuso que publicaran un libro juntas ya que ella y Anne, también habían esbozado una suerte de palabras al papel. Descubrieron que eso las mantendría unidas, y era extraño quizá pero cada una por su lado buscaba casi lo mismo.
Al momento de publicar tuvieron que replantearse muchas cosas, especialmente como sortear esos tiempos Victorianos donde una mujer no podía dedicarse a ese oficio que había sido exclusivo de los hombres. Pero era tanto el deseo que buscaron seudónimos, ella eligió a Ellis Bell, y sus hermanas a Currer y Acton Bell.
El libro de poesías al publicarse por supuesto fue un fracaso tan grande que no pudieron venderse mas que dos ejemplares sin embargo antes de que esto sucediera ya tenían decidido escribir una novela cada una, que fuese lo mas extraordinaria posible, era un reto y además un sueño. Solo un año le llevaría a Emili contar lo que le aprisionaba en el alma, Cumbres Borrascosas se publico entonces siempre usando su seudónimo, y aunque era solo un libro significaba lo mas importante de su vida, tanto que el no dormir de noche, ni el buen descanso, ni la buena alimentación ante sus remordimientos de ver a su hermano preferido hundirse irreparablemente, dejaría una amarga huella en sus escritos que se percibe aun hoy al leerlo. El libro seria nada más que otro nuevo fracaso, ni el público, ni la crítica de su época lo entendieron. Pero eso a ella ya no le importaba, que podía significar eso al lado de la muerte repentina aunque ya presentida, que termino por destruir su voluntad que estaba a punto de quebrarse hacia ya tiempo. Fue demasiado y no pudo soportarlo, en ese frío septiembre, ver a su adorado hermano, en un ataúd recubierto por todas las maldiciones del destino, no podía creer que ya no existía, que se había ido para siempre. Entonces todo el pasado se le vino encima como un manto de hielo que no la dejaba respirar y otra vez de nuevo sus ojos buscando a su madre en el mismo bosquedal del cementerio donde ahora quedaba así arrojado a la intemperie del viento absurdo y maligno su hermanito, mientras las tristes campanas de la iglesia golpeaban sin piedad en su corazón.
Volvió a revivir toda la tristeza de su pasado y cuando todos se fueron y ella quedo allí un rato más a los pies de la tumba. Le pareció en un instante al levantar su vista que detrás de un árbol añoso una mujer vestida de blanco le hacia señas, se quedo asombrada parecía tener el rostro de su madre, se le nublo el pensamiento en ese instante -es ella, pensó, es ella- y corrió por los senderos del cementerio como adentrándose hacia una estación de sombras, la mujer parecía retroceder por un oscuro sendero que ella siguió tropezándose por entre las viejas tumbas, hasta que su respiración exánime no la dejo continuar, Dios!! - no había nadie allí- se dijo a si misma. Huyo corriendo de ese lugar le parecía que estaba a punto de perder la razón, prometiendo que jamás volvería.
El refugio de su cuarto ya no podía contenerla, sentía ese viento ruin, e incansable soplar allí fuera, y no podía dormir…porque no podía soportar la realidad sin Bramwel al fin ya no le tenía temor a la muerte…hubiera dado cualquier cosa por acostarse a dormir y no despertar jamás.
Esa noche recordó la risa de Branwell cuando una tarde había decidido pintarla y como ella, al mirar la pintura había quedado fascinada con esa belleza que estaba en el lienzo- no se se si esa soy yo – le dijo ella - Así de bella eres para mi- le había dicho él- en un susurro al oído y ella había llorado de emoción tras verlo partir hacia la calle…
Pensó en que lo afortunada que hubiera sido, encontrar un hombre que tuviera esa misma sensibilidad, la de su hermano en esos años donde el arte era todo para él. Pero el amor verdadero no puede venderse, ni fingirse es o no es, ella podía escribirlo, narrarlo, sentirlo sin embargo jamás había llamado a su puerta, a mas de los casuales amores que cualquiera puede llegar a conocer, y que un día ya no están, porque en verdad nunca fueron importantes. Siempre ella con su temperamento desmedido buscaba algo más, siempre algo más, algo que le atrapara entre la pasión y el delirio, junto a esos sentimientos que a veces se escapaban de control… Fueron casi dos meses y medio, donde ya no tenia ganas ni siquiera de comer, hasta que ya no tuvo mas fuerzas, comenzaba a sentir de verdad el frío hasta en los huesos y allí en su cuarto que ahora era todo su mundo miro la ventana y como golpeaban en los cristales las ramas de uno de los árboles añosos del jardín como unos brazos de un mendigo que parecían suplicarle entrar y se durmió pensando en lo que había escrito no sabia ya si al final o al principio de su novela de ese fantasma atormentado que vuelve, que viene en la búsqueda, de quien se negaba a olvidarla, …los postigos golpeaban las paredes, por el viento …
Eso fue lo último que escucho en su vida, Emili Brontë, dejo de soñar, dejo de existir en ese fatídico 19 de diciembre de 1848. Apenas tenia 30 años pero su rostro ocultaba un gran pesar como si en los postrimeros días de su vida el peso de todas las angustias la hubiesen devorado – aseguran sus biógrafos- que entre visiones moribundas buscaba la imagen de un hombre que había añorado la amara así con esa pasión infinita con la cual ella misma hubo de describir a ese personaje endemoniado de sus fantasías el Sr. Heathcliff dueño de todo el resentimiento que puede existir en el alma de un hombre enamorado de una mujer imposible porque ha muerto…
viernes, 11 de junio de 2010
Sobre El Canto de La Vida, un cuento de Serggio D. Oros/ Reir entre lagrimas
Creo que a traves del tiempo, y de los años uno va comprendiendo la libertad creativa de ciertos autores, que nos hacen de alguna manera complices de sus escritos, esto me sucedio cuando lei, El Canto de La Vida, un cuento de Serggio D. Oros, de su libro Tren Hacia el Alma y Otros Cuentos. Mi modo como periodista de establecer un vinculo con la literatura desde siempre ha sido la objetividad, la rigurosidad, ya de la infomacion o de su fuente, y si es un relato, merece aun mas una confrontacion sensata y decidida de la tecnica y sus enlaces con el genero en cuestión. Logicamente, soy alguien que va hacia el escrutinio de las palabras, y desde luego juego con la desconfianza de creer que estoy haciendo bien las cosas, como para volverme sobre mis pasos y releer una y mil veces el texto en debate, intentando quitar los errores,que mi propia mirada de las cosas antepone a ese estudio minusioso si se quiere, corrigiendo los excesos, las malezas que me hagan perderme entre vanalidades, por eso quiza no supe de que asirme ante este muy bien logrado relato de un escritor que a su vez no parece serlo, que rehuye de los complejos de la metodologia, y se arroja a las aguas mas turbulentas del alma. Uno al compenetrarse en sus escritos le parece que puede ser cualquiera quien lo ha llevado a cabo, pero cuando se hace muy fino el camino y aparece el precipicio donde la vida deja sus huellas mas profundas es imposible no tener miedo, no temblar, no sentirse amenazado por los sucesos. Serggio, ha elegido quiza el mas complejo de los generos literarios a mi entender, los cuentos cortos, como una prueba a si mismo de su capacidad como creador y como artista, y creanme que sale mas que ileso de ese reto, que muy por el contrario a nosotros nos agarra con la guardia baja y nos hace tambalear hasta el punto de reir entre lagrimas.
Julio Amado Picenta de La Fuente
Periodista/ Escritor/Critico literario
Bs. As Mayo 2010
Julio Amado Picenta de La Fuente
Periodista/ Escritor/Critico literario
Bs. As Mayo 2010
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